Ir al contenido
MedNews. 7 nov 2026

Nutrición y hábitos·Estudio en PLOS Global Public Health

En Puno, una mejor dieta se vinculó con menor presión entre pacientes tratados

En adultos con hipertensión de Puno que conocían su diagnóstico y recibían tratamiento, cada nivel superior entre cuatro grupos de calidad de dieta se asoció con 4,13 mmHg menos de presión sistólica. La relación no apareció en toda la muestra y el estudio observacional no demuestra que cambiar la alimentación causara esa diferencia.

Redacción MedNews · · 5 min de lectura

Compartir
Senior couple squeezing citrus in a bright kitchen setting, promoting healthy living and joyful togetherness.
Senior couple squeezing citrus in a bright kitchen setting, promoting healthy living and joyful togetherness. Foto: Mikhail Nilov / Pexels

Cuando una persona ya toma medicamentos para la presión, la comida sigue formando parte de sus preguntas cotidianas: cuánto influye lo que llega al plato y cómo encaja con su tratamiento. Un estudio en Puno aporta una pista local. Entre participantes que conocían su diagnóstico de hipertensión y recibían tratamiento, una mejor calidad de dieta se relacionó con menor presión. Pero esa relación no apareció al analizar al conjunto de participantes y tampoco demuestra que modificar la alimentación haya producido el resultado.

Qué hicieron

El equipo encabezado por Carla Tarazona-Meza, con participación de Johns Hopkins, A.B. PRISMA, la Universidad Peruana Cayetano Heredia y EsSalud Puno, estudió a 154 adultos con hipertensión. Su edad media era de 66,5 años. Los datos se recogieron entre febrero y agosto de 2024, y el artículo se publicó el 28 de octubre de 2026 en PLOS Global Public Health.

Las personas participaban en ANDES, un ensayo sobre atención de la hipertensión mediante agentes comunitarios. Este artículo utilizó información del inicio: es una fotografía de cómo comían y qué presión tenían en ese momento. No presenta el resultado del ensayo completo ni una prueba en la que se hubiera asignado una dieta para comprobar si bajaba la presión.

Nutricionistas visitaron los hogares y pidieron recordar los alimentos y bebidas consumidos durante las últimas 24 horas, incluidas las preparaciones y las porciones. Con esa información calcularon un índice de calidad de dieta: cuanto mayor era el puntaje, mejor era la alimentación según ese instrumento. También midieron la presión con un tensiómetro digital y recogieron datos sobre condiciones económicas, actividad física y otras características que podían influir en la comparación.

Qué encontraron

La calidad media de la dieta fue de 15,7 puntos sobre un máximo de 49. El puntaje bajo se explicó principalmente por el escaso consumo de algunos grupos considerados saludables, como ciertas frutas, verduras y lácteos bajos en grasa. A la vez, había poco consumo de carnes procesadas y bebidas azucaradas. Es decir, el resultado no equivale simplemente a describir una alimentación cargada de productos ultraprocesados.

Al considerar a todos los participantes, los investigadores no encontraron una asociación estadísticamente significativa entre la calidad de dieta y la presión arterial. La señal apareció en un análisis exploratorio de quienes sabían que tenían hipertensión y tomaban medicación. Ese subgrupo reunía a 102 personas; el artículo reporta 91 en el análisis ajustado que utilizó el puntaje alimentario como escala continua, por lo que no todos aportaron datos a todos los cálculos.

Para otra comparación, ordenaron los puntajes en cuatro grupos, desde la menor hasta la mayor calidad de dieta. Entre los participantes diagnosticados y tratados, la tendencia estimada fue de 4,13 mmHg menos de presión sistólica por cada grupo superior de calidad alimentaria, después de considerar otras características. Es una diferencia entre personas: no significa que alguien redujera su presión en esa cantidad después de cambiar lo que comía, ni que cada paso entre grupos tuviera exactamente el mismo resultado.

Lo que el estudio no dice

El límite principal es el diseño. Alimentación y presión se evaluaron en el mismo periodo, sin seguir el efecto de un cambio de dieta. Quienes comían mejor podían también acudir con más constancia a sus controles, tomar los medicamentos de manera más regular o tener otras condiciones favorables. Ajustar los cálculos por algunas diferencias ayuda, pero no elimina todas esas posibles explicaciones.

Además, encontrar una asociación en un subgrupo y no en otro no demuestra que el tratamiento cambie el efecto de la dieta. La prueba estadística que evaluó esa diferencia entre grupos no fue significativa. Los autores tampoco corrigieron los resultados por la cantidad de comparaciones realizadas, lo que obliga a considerar la posibilidad de hallazgos por azar. No hubo evidencia clara de que una mejor puntuación se relacionara con tener la hipertensión controlada.

Recordar lo comido puede introducir errores y un día no refleja necesariamente la alimentación habitual. Tampoco se midió de forma objetiva el sodio ingerido. El propio índice tiene un límite importante para interpretar dietas andinas: clasifica las papas de manera desfavorable sin distinguir cómo se cocinaron. Los autores advierten que eso puede dificultar la comparación en una población donde son un alimento habitual. El estudio no permite culpar a un ingrediente concreto.

La muestra fue pequeña y estuvo formada principalmente por adultos mayores vinculados a un ensayo, por lo que no representa a todo Puno, a Perú ni a América Latina. Los autores declararon no tener conflictos de interés. El trabajo recibió apoyo de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y de Johns Hopkins; los financiadores no participaron en el diseño, el análisis ni la decisión de publicar.

Para quien vive con hipertensión, este trabajo aporta información sobre una población andina y una pregunta que merece estudiarse durante más tiempo. No ofrece un menú probado, una reducción garantizada ni una razón para reemplazar medicamentos por alimentos. Las dudas sobre cómo encaja la alimentación con el tratamiento corresponden al profesional de salud que conoce tu situación. La contribución de esta investigación es orientar nuevas preguntas desde la realidad local, con sus alimentos, sus recursos y sus formas de atención.

Fuentes y estudios

Los documentos de donde sale esta nota. Ábrelos y compara.

  1. 01

    PLOS Global Public HealthEstudio

    Diet quality and blood pressure among adults with hypertension living in a high-altitude region of the Peruvian Andes

    Carla Tarazona-Meza et al. · Johns Hopkins University, A.B. PRISMA, Universidad Peruana Cayetano Heredia y EsSalud Puno, entre otras instituciones · 28 oct 2026 DOI 10.1371/journal.pgph.0007396

    Estudio transversal con datos iniciales de ANDES: aporta la muestra, el puntaje alimentario, la asociación exploratoria en participantes diagnosticados y tratados y sus limitaciones.

    Abrir
  2. 02

    World Health OrganizationDocumento oficial

    Hypertension

    World Health Organization · Organización Mundial de la Salud · 25 sep 2025

    Ficha de contexto utilizada para explicar qué significan la presión sistólica y la diastólica; no es el origen del hallazgo nuevo.

    Abrir

Enlaces comprobados al publicar la nota. Si alguno deja de funcionar, avísanos.

Más notas

Todas

Nutrición y hábitos·Nature Health

Sal con potasio: un modelo estima casi tres millones de muertes evitables al año

Un modelo de 193 países y territorios calcula que reemplazar la sal común por una mezcla con potasio podría evitar 2,96 millones de muertes al año por enfermedades cardiovasculares y renales. La estimación supone cambiar también la sal de alimentos procesados y restaurantes, y no demuestra que el beneficio sea inmediato ni que el producto sea seguro para todos.

·5 min de lectura·2 fuentes

Nutrición y hábitos·JAMA Network Open

Acercar un mercado al barrio no mejoró claramente la dieta en un ensayo

Un ensayo en viviendas subsidiadas de Minneapolis y Saint Paul, Estados Unidos, encontró una diferencia de apenas 1,25 puntos en calidad de la dieta al ofrecer un mercado móvil, sin una mejora estadísticamente clara. El uso del servicio fue limitado y la reducción de sodio observada como resultado secundario no demuestra que se hayan prevenido enfermedades.

·5 min de lectura·2 fuentes