Nutrición y hábitos·Estudio en Nature
Antibióticos y postre: los dulces fueron lo que más empeoró el daño a la flora intestinal
Un equipo contó 9.419 comidas de 173 pacientes hospitalizados por un trasplante de médula ósea y calculó que cada 100 gramos de dulces consumidos bajo antibióticos de amplio espectro predijeron una caída adicional del 24,1 % en la diversidad de bacterias del intestino. Es un estudio observacional en enfermos de cáncer de la sangre con el intestino ya arrasado por la quimioterapia, y la parte que demuestra causa está hecha en ratones.
Te recetan un antibiótico, te sientes mal y lo único que se te antoja es algo dulce: un jugo de caja, un chocolate, una galleta. Nadie tenía cómo saber si eso importaba, porque los estudios de nutrición suelen preguntar qué comiste la semana pasada y confiar en tu memoria. Un trabajo publicado hoy en Nature contó plato por plato lo que comieron 173 pacientes internados y midió, en esas mismas personas, cómo les cambiaba la flora intestinal.
Qué hicieron
El estudio lo encabeza Anqi Dai, con 44 autores del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, del City of Hope y de la Universidad de Nueva York. Entre 2017 y 2022 siguieron a adultos con cáncer de la sangre internados para un trasplante alogénico de células madre, un tratamiento que empieza con quimioterapia intensa, deja a la persona sin defensas durante semanas y casi siempre obliga a usar antibióticos.
El método para contar la comida fue casi artesanal. Cada bandeja llegaba a la cama con una hoja en la que el paciente marcaba, apenas terminaba, si se había acabado el 0 %, el 25 %, el 50 %, el 75 % o el 100 % de cada cosa que pidió, y un nutricionista pasaba tres veces por semana a completar lo que faltara. Así reunieron 9.419 comidas, entre 8 y 128 por paciente, con 622 alimentos ordenados en nueve grupos, uno de ellos azúcares, dulces y bebidas.
En paralelo recogieron muestras de heces: quedaron 1.009 útiles de 158 pacientes, analizadas por secuenciación del gen 16S. Con eso armaron un modelo bayesiano que preguntaba, para cada muestra, qué había comido esa persona en los dos días previos y qué medicamentos recibía. Los 173 tomaron al menos un antibiótico, y 138 de ellos, el 80 %, pasaron a antibióticos de amplio espectro al aparecer fiebre o sospecha de infección.
Qué encontraron
Lo primero fue lo esperado: el antibiótico de amplio espectro, por sí solo, bajaba la diversidad de bacterias del intestino. Lo segundo no lo esperaba nadie. Los dulces por su cuenta no se asociaron con nada, pero consumidos durante la exposición al antibiótico fueron el grupo de alimentos que más empeoró el cuadro: por cada 100 gramos adicionales en los dos días previos, el modelo calculó una caída extra del 24,1 % en la diversidad bacteriana (intervalo de confianza del 95 %: 7,7 % a 38,1 %).
Conviene entender qué son esos 100 gramos: el equipo pesó los alimentos deshidratados, sin el agua, así que no son 100 gramos de gaseosa. El comunicado del City of Hope lo traduce a algo cotidiano, el azúcar que lleva un batido grande.
Al repetir el análisis por macronutrientes, el resultado aguantó: una caída adicional del 20,6 % por cada 100 gramos de azúcar. En los datos crudos, la relación entre más dulces y menos diversidad aparecía en las 439 muestras tomadas bajo antibióticos y se esfumaba en las 570 sin antibióticos.
Detrás de esa pérdida hay un nombre propio: Enterococcus, una bacteria que convive tranquila en el intestino y que, cuando el antibiótico arrasa con la competencia, se queda con todo el espacio. Para comprobar que el azúcar era la causa y no un acompañante, el equipo pasó a los ratones: una inyección de antibiótico más suplemento de sacarosa multiplicó los enterococos por 16,3 al tercer día y por 33,4 al sexto. La sacarosa sin antibiótico no hizo nada.
No importa cómo analizáramos los datos, la misma señal fuerte seguía apareciendo. Los pacientes que consumieron más dulces mientras tomaban antibióticos tuvieron más probabilidad de perder diversidad en el microbioma, con microbios agresivos desplazando a otras cepas de bacterias.
Marcel van den Brink, coautor principal, presidente de City of Hope Los Ángeles
Lo que el estudio no dice
Bastante, y los autores lo escriben. No es un ensayo clínico: nadie sorteó a unos pacientes al postre y a otros a la gelatina sin azúcar. Es observacional, y el artículo advierte que los antibióticos de amplio espectro se indican cuando alguien empeora, así que la gravedad del paciente podría explicar parte de lo que se ve. Los registros de comida traída de fuera, además, quedaron incompletos.
Tampoco se demostró que dejar el dulce evite infecciones, complicaciones o muertes. Hay una señal: entre quienes comieron más azúcar, cada día extra de antibiótico de amplio espectro se asoció con mayor riesgo de morir (razón de riesgo 1,12), y entre quienes comieron menos no apareció (1,07, sin significación estadística). Los autores piden ensayos prospectivos antes de recomendar nada, y la parte que establece causa está hecha en ratones.
Falta lo más importante para quien lee desde Lima, Bogotá o Buenos Aires: estos no son pacientes cualquiera. Son adultos con cáncer de la sangre, hospitalizados semanas, con el intestino devastado por la quimioterapia y con antibióticos por vía intravenosa. Nadie ha comprobado que ocurra igual en alguien sano que toma un antibiótico común en casa.
El trabajo declara conflictos de interés que conviene decir en voz alta: varios autores principales tienen solicitudes de patente sobre el microbioma, acciones o cargos de asesoría en empresas del rubro, entre ellas Seres Therapeutics, Jona Health y Postbiotics Plus Research, y el propio Memorial Sloan Kettering declara intereses financieros con Seres Therapeutics.
Qué significa para ti
El primero en frenar el entusiasmo es el coautor principal, que dijo al comunicado de su institución que es prematuro recomendarle a todo el mundo evitar el azúcar mientras toma antibióticos, aunque añadió que limitarlo no hace daño y es fácil de intentar. Ese es el tamaño honesto del hallazgo: no una regla, sino una pista barata.
Hay un detalle que sorprende y vale para los hospitales de la región: los mayores contribuyentes no fueron los caramelos, sino las bebidas formuladas, los batidos nutricionales y las bebidas deportivas, justo lo que se le ofrece a un enfermo sin apetito. Lo que este estudio no autoriza es tocar el antibiótico: cambiarlo por tu cuenta, saltarte dosis o abandonarlo antes de tiempo tiene riesgos comprobados. Si tienes dudas, habla con tu médico o tu farmacéutico.
Fuentes y estudios
Los documentos de donde sale esta nota. Ábrelos y compara.
-
01
Abrir
NatureEstudio
Sugar-rich foods exacerbate antibiotic-induced microbiome disruption
Estudio principal. De aquí salen las 9.419 comidas, los 173 pacientes, las 1.009 muestras de 158 pacientes, la caída del 24,1 % y los experimentos en ratones.
-
02
Abrir
Nature (News & Views)Estudio
Sugar amplifies antibiotic disruption of gut microbes
Comentario independiente publicado por Nature junto al estudio, que sitúa el hallazgo en el contexto de la investigación sobre dieta y microbioma.
-
03
Abrir
City of Hope, difundido por Medical XpressComunicado
Skipping sweets during antibiotic treatment may help protect the gut microbiome
Comunicado institucional. Aporta las declaraciones de Marcel van den Brink y la equivalencia de los 100 gramos con el azúcar de un batido grande.
Enlaces comprobados al publicar la nota. Si alguno deja de funcionar, avísanos.