Investigación·Estudio en Nature
Una IA revisó 101.243 tomografías: la grasa parda se asocia a menos diabetes y depresión
El análisis de las tomografías PET/CT de 101.243 pacientes del Memorial Sloan Kettering, en Nueva York, encontró que quienes tenían grasa parda visible mostraron un 58 % menos de probabilidades de tener diabetes tipo 2 y un 32 % menos de un episodio depresivo. Es retrospectivo y observacional, muestra asociación y no causa, y la muestra son pacientes con cáncer escaneados para estadificar su enfermedad, no población general.
Tienes grasa parda en el cuello, en las axilas y alrededor del corazón, y lo más probable es que no lo sepas. No es la grasa del abdomen, la que guarda calorías: esta las quema para producir calor. Durante décadas se creyó que solo la tenían los recién nacidos, hasta que en 2009 se confirmó en adultos. El problema siempre fue medirla: solo se ve cuando está activa, y en una tomografía por emisión de positrones, el estudio que se pide para vigilar un cáncer. Un trabajo publicado el 14 de octubre en Nature rodeó ese obstáculo por el camino más grande que había.
Qué hicieron
El equipo lo dirigió Paul Cohen, de la Universidad Rockefeller, con el Memorial Sloan Kettering Cancer Center y Weill Cornell Medicine, en Nueva York; el primer autor es el endocrinólogo Nicolás Gómez-Banoy. Revisaron las tomografías PET/CT hechas allí entre 2018 y 2024 y las sumaron a una cohorte anterior del mismo laboratorio: 101.243 pacientes, de los cuales 8.897 tenían grasa parda visible. Como el tejido es más frecuente en mujeres, en gente joven, con menor peso y cuando hace frío, emparejaron a los pacientes por esas variables y controlaron el cáncer y su tratamiento.
Luego hicieron dos cosas inéditas a esta escala. En vez de buscar las enfermedades que ya se sospechaban, pasaron por el tamiz los 511 códigos de diagnóstico de las historias clínicas. Y usaron aprendizaje automático para medir no solo si había grasa parda, sino cuánta actividad tenía, en 8.709 pacientes (el 97,9 % de los que la tenían) y en cada uno de los seis depósitos donde aparece. A eso cruzaron laboratorio, ecocardiogramas y medicamentos.
Qué encontraron
De los 511 códigos, 104 mostraron alguna asociación y 98 siguieron siendo significativos tras ajustar por los factores de confusión. En 92 de ellos la enfermedad era menos frecuente entre quienes tenían grasa parda. Las dos señales más fuertes: la diabetes tipo 2, con una razón de probabilidades de 0,42 (un 58 % menos de probabilidades de tener ese diagnóstico), y la cardiopatía isquémica crónica, con un 47 % menos. La hipertensión, un 21 % menos.
La sorpresa estuvo en otro lado. Nunca se había reportado que este tejido se asociara con la salud mental, y aquí apareció: el episodio depresivo fue un 32 % menos frecuente entre quienes tenían grasa parda, la ansiedad un 22 % menos y los trastornos del sueño un 23 % menos.
Sabemos que las personas metabólicamente sanas tienden a tener una menor incidencia de enfermedades psiquiátricas, así que podría ser que tener grasa parda te haga más sano desde el punto de vista metabólico, y que eso se correlacione con menos problemas psiquiátricos.
Nicolás Gómez-Banoy, endocrinólogo e instructor en investigación clínica, Laboratorio de Metabolismo Molecular de la Universidad Rockefeller
Los análisis apuntaron igual: glucosa, hemoglobina glicosilada y triglicéridos más bajos, colesterol HDL más alto, menos inflamación y menos engrosamiento de la pared del corazón. Dos resultados no encajan con el relato fácil, y los autores no los esconden: el colesterol total y el LDL fueron más altos en ese grupo, y la densidad ósea de la columna, más baja.
Medir depósito por depósito dio el hallazgo más fino: la grasa parda de las axilas fue la que más se asoció con menos enfermedad cardiometabólica. Y de los 125 medicamentos revisados, 39 se asociaron con la presencia del tejido: del lado positivo, dos antihipertensivos antagonistas del receptor de angiotensina, losartán y valsartán; del negativo, betabloqueantes y antidepresivos ISRS.
Con esa pista probaron el losartán donde sí se puede experimentar: en células de grasa parda cultivadas y en ratones. El fármaco aumentó la actividad del tejido y, en los ratones, el gasto energético del cuerpo, por una vía molecular distinta de la que le baja la presión. Es una prueba de concepto en células y animales: aquí nadie le dio losartán a un paciente.
Lo que el estudio no dice
Es retrospectivo y observacional, y eso define lo que puede afirmarse con él. Muestra que las personas con grasa parda tienen menos diagnósticos, no que la grasa parda se los evite. Podría ser al revés: que estar metabólicamente sano mantenga el tejido activo. Irfan Lodhi, biólogo molecular de la Universidad Washington en San Luis, ajeno al estudio, dijo a Nature que falta trabajo para probar que la grasa parda cause de verdad esos beneficios, aunque le parece muy interesante y sorprendente.
El segundo límite es igual de importante: esto no es población general. Son pacientes de un centro oncológico de Nueva York escaneados para estadificar su cáncer, una muestra que los autores llaman de conveniencia y en la que, pese a los ajustes, no se puede descartar el efecto del tumor ni de sus tratamientos. Nada se midió en América Latina. Y las cifras son de prevalencia, una foto en el tiempo, no del riesgo de enfermar más adelante.
Sobre el dinero: el estudio se financió con fondos públicos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y becas de fundaciones, no con dinero de un fabricante. En su declaración de conflictos, Paul Cohen informa que integró el directorio de Amarin Corp. y que asesora a Canary Cure Therapeutics, Hoxton Farms, Moonwalk Biosciences y Cellular Intelligence, y aclara que ninguna apoyó este trabajo.
Qué significa para ti
Lo primero es incómodo: hoy no puedes saber cuánta grasa parda tienes. No hay análisis de sangre que la mida, y los propios autores escriben que, mientras no exista un biomarcador fiable, hacer este escaneo en gente sin cáncer es muy poco viable. No hay nada que pedir en el consultorio ni nada que comprar. Lo segundo es lo que no se debe deducir: si tomas losartán, este estudio no es razón para seguir tomándolo ni para dejarlo, y si tomas un antidepresivo o un betabloqueante, tampoco; esas decisiones le corresponden a tu médico. Lo que el trabajo deja es una idea para los próximos años: hay un tejido que quema calorías, medible con inteligencia artificial en escaneos que ya existen por millones, y que aparece asociado a la vez con el corazón, el azúcar y el ánimo. Falta el ensayo que lo active a propósito.
Fuentes y estudios
Los documentos de donde sale esta nota. Ábrelos y compara.
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01
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NatureEstudio
Artificial intelligence-enabled clinical phenotyping of human brown fat
Documento primario. De aquí salen todas las cifras de la nota: los 101.243 pacientes, los 8.897 con grasa parda, los 8.709 medidos con aprendizaje automático, los 511 códigos de diagnóstico, las razones de probabilidades de diabetes tipo 2 (0,42), cardiopatía isquémica (0,53), episodio depresivo (0,68), ansiedad (0,78) y los experimentos con losartán en células y ratones. Fecha de publicación en línea confirmada en Crossref: 14 de octubre de 2026.
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02
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Nature (noticias)Cobertura
Overlooked brown fat in our bodies linked to wide range of health benefits
Cobertura de la propia revista. Aporta las voces independientes que no firmaron el estudio: Shingo Kajimura (Escuela de Medicina de Harvard) y la advertencia de Irfan Lodhi (Universidad Washington en San Luis) sobre el diseño retrospectivo que se cita en la nota.
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03
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Medical Xpress (The Rockefeller University)Comunicado
Commonly prescribed blood-pressure drug may stimulate 'healthy' brown fat
Comunicado de la institución que hizo el estudio. De aquí sale la declaración de Nicolás Gómez-Banoy sobre la asociación con la salud mental que se cita textualmente, y la confirmación de que el losartán se probó en células cultivadas y en ratones sanos.
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