Salud pública·Estudio en JAMA
No recibir vitamina K al nacer se asocia con más sangrados en los bebés
Un estudio en Estados Unidos registró 288,0 bebés con sangrado por cada 10.000 que no recibieron vitamina K al nacer, frente a 185,9 entre quienes sí la recibieron, hasta los seis meses de vida. Es una comparación de historias clínicas que muestra una asociación y reúne sangrados de distintas causas, no solo los debidos a falta de vitamina K.
Al nacer un bebé, su familia recibe mucha información entre el cansancio, la emoción y los preparativos para volver a casa. La vitamina K puede parecer un detalle más de esa atención inicial, pero tiene una función concreta: ayudar a que la sangre coagule. Un estudio publicado el 5 de noviembre de 2026 en JAMA encontró que los bebés que no recibieron la inyección al nacer tuvieron más diagnósticos de sangrado durante sus primeros seis meses. La diferencia apareció en registros de Estados Unidos y merece leerse junto con sus límites.
Qué hicieron
El equipo encabezado por Kristan Scott, del Hospital Infantil de Filadelfia y la Universidad de Pensilvania, revisó las historias clínicas de 5.240.780 bebés. Habían nacido entre 2017 y 2025, con 35 a 43 semanas de gestación, en hospitales y sistemas de salud de los 50 estados estadounidenses que aportan información a la base Epic Cosmos. Los investigadores compararon a quienes tenían registrada la administración de vitamina K intramuscular durante la hospitalización del nacimiento con quienes no la recibieron.
Fue una revisión de lo que ya había ocurrido, no un experimento en el que se asignara al azar quién recibiría la vitamina. Buscaron diagnósticos de sangrado desde el nacimiento hasta los seis meses mediante los códigos que se usan en las historias clínicas. Incluyeron distintas hemorragias del recién nacido, entre ellas las digestivas y las que ocurren dentro del cráneo. También distinguieron los episodios durante la hospitalización inicial de los registrados después del alta.
Qué encontraron
En el conjunto del período, hubo 288,0 bebés con sangrado por cada 10.000 que no recibieron vitamina K, frente a 185,9 por cada 10.000 que sí la recibieron. Son tasas que permiten comparar grupos de diferente tamaño: no significa que los investigadores reunieran exactamente ese número de niños en cada grupo. También muestran que la mayoría no tuvo un diagnóstico de sangrado registrado, aunque el problema fue más frecuente entre quienes no recibieron la inyección.
La diferencia persistió al tener en cuenta características que podían influir en el resultado, como la edad gestacional, la edad de la madre y las condiciones sociales. Tras ese ajuste, el riesgo de sangrado del grupo sin vitamina K fue 1,47 veces el del grupo que la recibió. Esta comparación ajustada intenta hacer más parecidos a los grupos al analizar los datos; no elimina todas sus diferencias ni convierte la asociación en una causa demostrada.
Las hemorragias dentro del cráneo fueron menos frecuentes que el conjunto de sangrados, pero también mostraron una diferencia: 33,0 por cada 10.000 bebés sin vitamina K frente a 13,2 entre quienes la recibieron. Ese resultado se refiere a un tipo concreto de sangrado. No permite decir que todos los episodios de la cifra principal fueran hemorragias cerebrales ni que todos tuvieran la misma gravedad.
El estudio también observó un cambio con los años. La proporción de bebés que no recibieron vitamina K pasó del 3,1 % en 2017 al 6,8 % en 2025. Los sangrados registrados aumentaron en ambos grupos, aunque más entre quienes no recibieron la vitamina. Los autores no pudieron explicar por completo esa tendencia: podría intervenir una mayor detección de episodios o cambios en la salud de las madres y los bebés. Por eso, no atribuyen automáticamente todo el aumento a la falta de vitamina K.
Lo que el estudio no dice
La limitación más importante está en qué se contó. Los investigadores agruparon varios diagnósticos de sangrado, y no todos pueden atribuirse a una deficiencia de vitamina K. Los registros tampoco detallaban con precisión la causa, el momento exacto o la gravedad de cada episodio. Así, sería incorrecto presentar las tasas como si fueran exclusivamente casos confirmados de hemorragia por falta de esta vitamina.
Las historias clínicas pueden contener errores y no captaron los sangrados atendidos fuera de los hospitales que aportaban datos. Tampoco permitían saber si un bebé había recibido vitamina K por vía oral. Además, quedaron fuera los nacidos antes de las 35 semanas y no había datos de partos en casa. Estas características limitan a quiénes se pueden aplicar los resultados; el tamaño de la muestra no resuelve esas ausencias.
Los autores declararon intereses que conviene conocer. Moeun Son informó haber recibido financiación de Pfizer y Mirum Pharmaceuticals para otros trabajos. Lindsey Knake declaró honorarios de Level 1 Experts y Heather Burris, de JAMA Network Open, también ajenos a este estudio. El apoyo declarado para esta investigación provino del instituto público estadounidense NICHD; según el artículo, los financiadores no intervinieron en el diseño, el análisis ni la decisión de publicar.
Qué significa para ti
Para una familia de Perú o de otro país latinoamericano, el hallazgo aporta información sobre una medida de atención neonatal, pero no calcula el riesgo de su bebé ni describe lo que ocurre en su hospital. La atención y el registro de diagnósticos pueden ser distintos. Si estás esperando un hijo o tienes dudas sobre lo que recibió al nacer, el equipo de salud que lo atiende es quien puede explicar esa atención y revisar su historia. Este trabajo ayuda a entender por qué se habla de vitamina K al nacimiento, sin convertir una asociación poblacional en un pronóstico individual.
Fuentes y estudios
Los documentos de donde sale esta nota. Ábrelos y compara.
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01
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JAMAEstudio
Nonreceipt of Newborn Vitamin K and Risk of Bleeding
Artículo original: diseño, tasas de sangrado, análisis ajustado, limitaciones y declaraciones de intereses. Fecha y DOI cotejados en Crossref.
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02
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PubMed / JAMAEstudio
Nonreceipt of Newborn Vitamin K and Risk of Bleeding
Resumen del mismo estudio, no una investigación independiente. Sus cifras y fecha se verificaron en el XML oficial de PubMed, PMID 42986716.
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