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MedNews. 7 nov 2026

Cerebro y mente·Estudio en Nature

Un mapa de la ínsula distingue cuatro regiones para sentir e interpretar el cuerpo

Un estudio con electrodos cerebrales en 87 pacientes de Stanford, Estados Unidos, identificó cuatro regiones de la ínsula con funciones distintas relacionadas con las sensaciones corporales y la atención. Los participantes tenían epilepsia y los resultados no demuestran un tratamiento para el dolor o la ansiedad.

Redacción MedNews · · 5 min de lectura

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A human brain model placed on a blue plate, viewed from above against a pastel background.
A human brain model placed on a blue plate, viewed from above against a pastel background. Foto: Amel Uzunovic / Pexels

Un hormigueo en el brazo, una sensación de calor o una presión en el pecho se sienten en el cuerpo, pero el cerebro participa en la experiencia. Una investigación publicada en Nature permite observar con más detalle parte de ese proceso: cómo se organizan las funciones de la ínsula, una zona profunda del cerebro relacionada con las sensaciones corporales. El equipo distinguió cuatro regiones conectadas entre sí, con respuestas diferentes. El hallazgo ayuda a entender cómo sentimos el cuerpo, sin convertir esas sensaciones en algo imaginario.

Qué hicieron

El estudio, encabezado por Julian Quabs y Josef Parvizi, reunió datos de 87 pacientes con epilepsia atendidos en Stanford, Estados Unidos. Tenían electrodos implantados para localizar el origen de sus crisis como parte de la evaluación médica. Esa situación permitió registrar señales directamente dentro del cerebro. La ubicación de los electrodos se decidió por las necesidades clínicas de cada persona, no para cubrir de manera uniforme las zonas que interesaban a los investigadores.

Los datos se reunieron entre 2012 y 2025. Ese periodo corresponde a la incorporación de pacientes y la acumulación de registros, no a un seguimiento de cada participante durante todos esos años. El trabajo combinó análisis de sensaciones provocadas por estimulación eléctrica, registros durante tareas de atención y pruebas de comunicación entre regiones. Después, el equipo ubicó esas respuestas sobre un atlas que describe la organización microscópica de la ínsula.

No todas las personas participaron en cada prueba. El análisis de sensaciones provocadas por estimulación incluyó a 50 pacientes; las tareas de atención, a 35. Para estudiar la comunicación, los investigadores aplicaban estímulos eléctricos y registraban las respuestas en otros puntos. Así podían comparar la influencia en ambas direcciones: qué ocurría al estimular una zona y medir otra, y qué sucedía al invertir el recorrido.

Qué encontraron

El resultado central fue un mapa con cuatro regiones funcionales. En la parte posterior y superior de la ínsula, las respuestas se relacionaron con dolor, temperatura y sensaciones en partes concretas del cuerpo. Había una organización espacial: las respuestas asociadas a distintas zonas corporales ocupaban posiciones diferentes. La región posterior e inferior, en cambio, se relacionaba con sensaciones que podían abarcar varias partes del cuerpo.

Más hacia el centro y la parte anterior apareció una región vinculada con sensaciones internas y estados de ansiedad. Los resultados sitúan allí una relación entre lo que se siente dentro del cuerpo y la experiencia emocional. Eso no significa que toda ansiedad empiece en ese lugar ni que una sensación interna determinada permita reconocer un trastorno. El experimento localiza respuestas bajo condiciones concretas de estimulación.

La región situada en el extremo más anterior tuvo un comportamiento distinto. La estimulación directa generalmente no provocaba una sensación que la persona pudiera describir. Sin embargo, esa misma región mostraba actividad al detectar un estímulo relevante y cambiar la manera de responder. En las tareas aparecían imágenes de ciudades y montañas; según la consigna, había que responder a unas y abstenerse ante otras. El silencio durante la estimulación no equivalía a falta de función.

También importaba cómo se comunicaban las regiones. El extremo anterior ejercía una influencia eléctrica fuerte y directa sobre otras partes de la ínsula, mientras recibía de ellas señales menos fuertes e indirectas. Además, tenía conexiones con áreas de la corteza prefrontal. Los autores interpretan ese patrón como una posible vía por la que los procesos cognitivos pueden modificar la percepción corporal. Es una explicación de circuitos, todavía insuficiente para saber cuánto puede cambiar el dolor de una persona.

Lo que el estudio no dice

La estimulación aporta evidencia experimental sobre lo que puede ocurrir al intervenir en un circuito. Aun así, los autores advierten que las experiencias provocadas por electricidad no reproducen necesariamente el funcionamiento cotidiano del cerebro. La corriente puede alcanzar zonas vecinas o conectadas, y la forma de preguntar puede influir en cómo se describe una sensación. Además, solo se registran las experiencias que llegan a la conciencia y que el participante puede comunicar.

La muestra procede de un contexto clínico específico: personas con epilepsia que necesitaban una evaluación invasiva. No representa a la población general de Perú ni de América Latina. La cobertura también depende de dónde era necesario colocar electrodos y de quién podía realizar cada tarea durante su hospitalización. Por eso, las cuatro regiones son una propuesta útil para organizar los hallazgos, no una descripción exhaustiva de todo lo que hace la ínsula.

El estudio no evaluó si una terapia psicológica alivia el dolor, cuánto dura una mejoría ni si estimular estas regiones trata la ansiedad. Tampoco validó una prueba diagnóstica. Los autores declaran no tener conflictos de interés y señalan apoyo mediante subvenciones de investigación y una donación. Sus resultados permiten formular nuevas preguntas sobre los circuitos; los beneficios clínicos necesitan investigaciones específicas.

Para quien lee, el aporte de hoy es comprender mejor que sentir el cuerpo implica varias funciones cerebrales conectadas. De este mapa no se desprende que alguien pueda dejar de sentir dolor solo con proponérselo. Tampoco permite explicar a distancia una molestia concreta: esa valoración corresponde a un profesional de la salud. Entender un mecanismo es un avance, aunque todavía no cambie lo que puede ofrecerse en una consulta.

Fuentes y estudios

Los documentos de donde sale esta nota. Ábrelos y compara.

  1. 01

    NatureEstudio

    Functional architecture of the human insula

    Julian Quabs et al. · Stanford University, Heinrich Heine University Düsseldorf, Forschungszentrum Jülich y Consiglio Nazionale delle Ricerche · 21 oct 2026 DOI 10.1038/s41586-026-11175-2

    Artículo revisado por pares: 87 participantes, cuatro regiones funcionales, conectividad, tareas de atención y declaración de conflictos. Publicación y título confirmados también en Crossref.

    Abrir
  2. 02

    Nature Portfolio, documentación del estudioEstudio

    Reporting Summary

    Josef Parvizi y colaboradores · Stanford University · 2 mar 2026

    Formulario metodológico adjunto al artículo publicado el 21 de octubre de 2026; fecha interna de actualización: 2 de marzo de 2026. Confirma epilepsia, centro, periodo de reclutamiento y muestras de cada prueba. Es documentación del mismo estudio, no una investigación independiente.

    Abrir
  3. 03

    Nature, Supplementary InformationEstudio

    Functional Architecture of the Human Insula

    Julian Quabs et al. · Stanford University y colaboradores · 21 oct 2026

    Suplemento del mismo artículo, publicado junto con él. Explica la participación desigual entre pruebas y los límites de inferir funciones normales a partir de estimulación eléctrica.

    Abrir

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