Investigación·Estudio en Science
Tus bacterias intestinales anticipan si una vacuna te dará fiebre, y en ratones la dieta lo cambió
En 171 adultos sanos a los que se midió la microbiota, la temperatura y la sangre antes y después de una vacuna de ARN mensajero contra el SARS-CoV-2, quienes llegaban con más bacterias con flagelo de la familia Lachnospiraceae fueron los que más fiebre hicieron. La parte que explica el mecanismo, y el efecto de la dieta, se probó en organoides intestinales y en ratones criados sin microbios, no en personas, y el estudio no dice que cambiar lo que comes vaya a evitarte la fiebre.
Te vacunas y esa noche te da fiebre, escalofríos y dolor de cuerpo. La persona que estaba delante de ti en la fila, con la misma vacuna, se va a dormir sin molestias. La explicación que se suele dar es vaga: defensas fuertes, mala suerte. Un estudio publicado el 8 de octubre en la revista Science propone algo más concreto: parte de la respuesta estaba en el intestino, y estaba ahí antes de que entrara la aguja. En 171 adultos sanos, el riesgo de hacer fiebre tras una vacuna de ARN mensajero contra el SARS-CoV-2 se asoció con cuántas de sus bacterias intestinales tenían flagelo, la cola con la que algunos microbios nadan.
Qué hicieron
El trabajo salió del proyecto µHEAT (Ecología Microbiana Humana y Temperatura), que dirigió Ruth Ley en el Departamento de Ciencia del Microbioma del Instituto Max Planck de Biología de Tubinga, Alemania, con equipos de Estados Unidos, Francia y Canadá. Según el resumen del estudio, el equipo perfiló de forma longitudinal la microbiota fecal, la temperatura oral y marcadores serológicos de 171 adultos sanos que recibieron vacunas de ARN mensajero contra el SARS-CoV-2. Longitudinal significa que son las mismas personas medidas varias veces, antes y después, no dos grupos comparados una sola vez.
Eran adultos jóvenes sanos reclutados en 2021 y 2022, cuando se vacunaban contra el COVID-19. Entregaron muestras de heces para analizar su microbiota y de sangre para medir su estado inmunitario, y se tomaron la temperatura la semana anterior y la posterior a la inyección: la fiebre no se preguntó de memoria, se midió día por día. Después el equipo trasplantó los microbiomas de quienes más fiebre habían tenido a organoides intestinales humanos, miniaturas de intestino cultivadas en laboratorio, y a ratones gnotobióticos, criados sin ningún microbio propio, para vacunarlos después.
Qué encontraron
Las diferencias ya estaban antes del pinchazo. El riesgo de fiebre se correlacionó con inflamación intestinal de bajo grado, con más bacterias con flagelo de la familia Lachnospiraceae y con más expresión de flagelina antes de vacunar. La flagelina es la proteína de la que están hechos esos flagelos, y el sistema inmunitario la reconoce como señal de peligro porque también la fabrican bacterias que causan enfermedad, como la salmonela. En lenguaje común: quienes llegaban a la cita con más microbios nadadores en el intestino llegaban con el sistema inmunitario un poco más encendido, y fueron los que reaccionaron con más fuerza.
La parte experimental apunta en la misma dirección. Los microbiomas de los donantes con fiebre alta provocaron más inflamación en los organoides intestinales humanos y, en los ratones sin microbiota, desencadenaron reacciones a la vacuna que dependían de la flagelina: cuando el animal no podía detectar esa proteína, el efecto se debilitaba. El tercer hallazgo es el más llamativo: los fenotipos de flagelina del microbioma y las reacciones a la vacuna en ratones se pudieron modificar con la dieta. En las personas, el riesgo de fiebre también se asoció con la dieta que ellas mismas reportaron y con marcadores metabólicos, y quienes seguían dietas basadas en plantas tendieron a tener respuestas de fiebre más débiles.
Lo que el estudio no dice
La frase corta sería que lo que comes decide si la vacuna te va a tumbar, y eso el estudio no lo sostiene. En personas, todo lo relacionado con la dieta es asociación, y con dieta autorreportada, es decir con lo que cada participante dijo que comía. Lo que de verdad cambió al cambiar la alimentación fueron los ratones. El eslabón mecanístico, que la flagelina sea la que enciende la reacción, se demostró en organoides de laboratorio y en animales criados sin microbios, modelos útiles precisamente porque no se parecen a una persona de carne y hueso.
Súmale que son 171 adultos jóvenes y sanos, pocos para repartir en subgrupos, y que ni el resumen ni el comunicado dicen en qué país vivían: nada garantiza que esas proporciones se parezcan a las de una población latinoamericana. El resumen tampoco publica cuántos de los 171 hicieron fiebre, ni desde qué temperatura la contaron, ni cuánto subía el riesgo por tener más Lachnospiraceae con flagelo: dice que se correlacionó, sin ponerle magnitud, así que en esta nota no hay ningún porcentaje. Y el estudio no afirma que tener o no tener fiebre indique si la vacuna te protegió mejor o peor, ni da razón alguna para cambiar un calendario de vacunación.
Sobre los intereses en juego, el registro de Crossref declara financiamiento de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y de fundaciones privadas de investigación, entre ellas el Burroughs Wellcome Fund, Pew Charitable Trusts y el Cancer Research Institute. No aparece ningún fabricante de vacunas entre los financiadores declarados.
Aunque no pudimos demostrar que la dieta determine las respuestas a la vacuna en humanos, nuestros hallazgos sugieren que la dieta es uno de los factores capaces de modificar un microbioma proinflamatorio. Harán falta estudios de intervención en personas para determinar si los cambios en la dieta pueden alterar la producción microbiana de flagelina en humanos y, a su vez, respuestas a la vacuna como la fiebre.
Kelsey Huus, autora principal del estudio y profesora asistente de la Universidad de Ottawa, Canadá
Qué significa para ti
Si a ti te dio fiebre con una vacuna y a tu hermano no, esto no te vuelve ni más débil ni más fuerte. El estudio dice que hay razones concretas detrás de esa diferencia y que una de ellas venía viviendo en tu intestino desde antes, lo cual es más tranquilizador que la versión del azar. Ahí está su valor: convierte un malestar atribuido a la suerte en algo medible y, con el tiempo, quizá suavizable. Para hoy no cambia nada, porque aquí no se probó ningún probiótico ni ninguna dieta como forma de evitar la fiebre de una vacuna, y cualquier duda sobre un síntoma que no cede, o sobre vacunarte si tienes una enfermedad de fondo, se conversa con un profesional de la salud.
Fuentes y estudios
Los documentos de donde sale esta nota. Ábrelos y compara.
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01
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ScienceEstudio
The human gut microbiome primes fever after vaccination
Fuente de todas las cifras de la nota. La página de Science devuelve 403 a los rastreadores: el título, la revista, el volumen 394, la fecha del 8 de octubre de 2026 y el resumen completo con sus cifras se verificaron en Crossref y en PubMed.
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PubMedEstudio
The human gut microbiome primes fever after vaccination (resumen de acceso abierto, PMID 42848888)
Resumen abierto para que cualquier lector compruebe por su cuenta la cifra de 171 adultos sanos, los Lachnospiraceae con flagelo, los organoides y los ratones gnotobióticos.
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Medical Xpress (comunicado de la Sociedad Max Planck)Comunicado
Gut microbes help set the body's inflammatory response to vaccination
Aporta el nombre del proyecto µHEAT, los años de reclutamiento (2021 y 2022), el diseño de las mediciones de temperatura, las instituciones participantes y las citas textuales de los autores.
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