Perú·Estudio en PLOS Neglected Tropical Diseases
Mordeduras de serpiente en Perú: 32.942 casos en 16 años y un mapa que casi no se movió
El primer análisis nacional de las mordeduras de serpiente notificadas en el Perú entre 2010 y 2025 contó 32.942 casos, más del 60 % de ellos en Loreto, San Martín y Ucayali, y encontró 147 distritos que fueron zona de alto riesgo de forma persistente. Son casos notificados al sistema de vigilancia y no todos los que ocurren: los propios autores advierten que la cifra subestima el problema en comunidades amazónicas remotas, y el estudio no mide muertes ni acceso al antiveneno.
En un caserío a orillas de un río de Loreto, una mordedura de serpiente no es una rareza: es un riesgo del trabajo. Quien sale a la chacra al amanecer o camina un sendero de monte convive con el jergón (Bothrops atrox), la víbora responsable de la mayoría de los envenenamientos notificados en la Amazonía peruana. Un estudio publicado este 24 de septiembre en PLOS Neglected Tropical Diseases puso por primera vez en un mapa nacional, distrito por distrito, las mordeduras que el Perú registró en dieciséis años, y el resultado incomoda por lo estable.
Qué hicieron
El equipo pidió al Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud (CDC Perú), por la vía de la ley de transparencia, la base de los casos de ofidismo notificados por los establecimientos de salud entre 2010 y 2025: conteos anuales por departamento y por distrito de personas que llegaron a un servicio de salud y quedaron registradas. Con las proyecciones de población del INEI calcularon la incidencia por cada 100.000 habitantes y partieron los dieciséis años en tres tramos: 2010 a 2015, 2016 a 2020 y 2021 a 2025.
Hicieron tres cosas más. Midieron si los casos se agrupaban en el espacio o caían dispersos, con dos herramientas clásicas de la geografía estadística (el índice de Moran global y los indicadores locales de asociación espacial, o LISA). Cruzaron cada distrito con mapas de idoneidad ambiental para siete serpientes venenosas de importancia médica. Y compararon la incidencia distrital con el Índice de Desarrollo Humano ajustado por desigualdad del PNUD. Los autores trabajan en instituciones de Brasil, con coautoría peruana, se financiaron con becas públicas brasileñas (CAPES y FAPEAM) y declaran que no existen conflictos de interés.
Qué encontraron
Entre 2010 y 2025 el Perú notificó 32.942 mordeduras de serpiente con envenenamiento, un promedio de 2.059 al año. Más del 60 % se concentró en tres departamentos amazónicos: Loreto aportó 9.484 casos, el 28,8 % del total nacional, seguido de San Martín con 6.561 y Ucayali con 4.092.
Contadas por habitante, las distancias crecen. En 2010 a 2015 Loreto tuvo 63,7 casos por cada 100.000 habitantes al año, Ucayali 56,8, San Martín 49,4, Amazonas 46,7 y Madre de Dios 42,7. En ese periodo y en los dos siguientes, la incidencia de Lima, La Libertad, Lambayeque, Ica, Arequipa y Apurímac se mantuvo casi siempre por debajo de 1 caso por cada 100.000 habitantes.
Lo que este trabajo añade es el tiempo. El agrupamiento espacial fue significativo en los tres periodos (índice de Moran de 0,61, luego 0,53 y luego 0,58): los distritos con muchas mordeduras están pegados a otros distritos con muchas mordeduras. Al superponer los tres mapas aparecieron 147 distritos de zona caliente persistente, 114 de ellos en los tres periodos y otros 33 en dos, frente a solo 35 que asomaron una vez. Ese corredor estable atraviesa Loreto, Amazonas, San Martín, Ucayali, Huánuco, Pasco y Madre de Dios.
Esos distritos coinciden con las zonas de mayor idoneidad ambiental para el jergón y con los más pobres: en la Amazonía norte, a menor Índice de Desarrollo Humano, mayor incidencia, con una correlación negativa moderada y significativa (rho de Spearman de -0,42; p < 0,001) sobre 177 distritos. En la Amazonía central el sentido fue el mismo, pero con 17 distritos no alcanzó significación.
La tendencia nacional, en cambio, es de lenta bajada: la incidencia pasó de 7,18 casos por 100.000 habitantes en 2010 (2.282 casos) a 6,15 en 2025 (2.115 casos), con el piso en 2020 y 2021. También hay estación: marzo es el mes de mayor incidencia media (0,70 por 100.000) y septiembre el más bajo (0,38).
Encontramos que el riesgo de mordedura de serpiente no está distribuido al azar, sino concentrado en distritos que son puntos calientes persistentes, situados sobre todo en la Amazonía norte y central.
Resumen para no especialistas firmado por los autores, PLOS Neglected Tropical Diseases, 24 de septiembre de 2026
Lo que el estudio no dice
Lo primero lo advierten los propios autores: son casos notificados, no todos los casos. El estudio, escriben, probablemente subestima la carga real de la enfermedad, sobre todo en comunidades amazónicas remotas, indígenas y ribereñas, donde el acceso a un establecimiento de salud es limitado y la medicina tradicional suele ser la primera respuesta. Ese subregistro tampoco está repartido por igual, porque los distritos con mejor infraestructura sanitaria notifican mejor, así que la desigualdad real probablemente sea mayor que la del mapa, no menor. Por lo mismo, la caída de 2020 y 2021 hay que leerla con cuidado: en pandemia mucha gente dejó de acudir a los servicios.
Lo segundo es lo que la base de datos no traía: ni especie de serpiente, ni gravedad clínica, ni ocupación, ni coordenadas. Por eso el estudio no dice cuánta gente murió, ni cuánto se tarda en llegar al antiveneno, ni si había antiveneno disponible, algo que los autores reconocen que no pudieron incorporar al análisis. Tercero, es un estudio ecológico, que compara territorios y no personas: que los distritos más pobres tengan más mordeduras no demuestra que la pobreza las cause, y los autores escriben que estas asociaciones no deben interpretarse como evidencia de relaciones causales directas. El artículo, además, está en línea como prueba de imprenta sin corregir.
Qué significa para ti
Si vives o trabajas en la selva peruana, este mapa no te descubre nada nuevo; se lo descubre a quien decide dónde se guardan los frascos de antiveneno y dónde se refuerza un puesto de salud. Que los mismos 147 distritos hayan sido zona caliente durante dieciséis años significa que el problema es estructural y previsible, y que se puede planificar con nombre y apellido de distrito, que es lo que piden los autores. Ante una mordedura, la única indicación sensata es acudir de inmediato al establecimiento de salud más cercano y dejar que el personal sanitario decida el tratamiento: la OMS recuerda que la mayoría de las muertes y secuelas graves se pueden evitar si el antiveneno está disponible y es accesible.
Fuentes y estudios
Los documentos de donde sale esta nota. Ábrelos y compara.
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01
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PLOS Neglected Tropical DiseasesEstudio
Persistent spatial hotspots and socioeconomic inequalities of snakebite envenoming in Peru: A nationwide spatiotemporal analysis, 2010-2025
Fuente de todas las cifras peruanas de la nota: los 32.942 casos de 2010 a 2025, el 28,8 % de Loreto, la incidencia de 63,7 por 100.000, los 147 distritos punto caliente persistente y la correlación de -0,42 entre desarrollo humano e incidencia en la Amazonía norte. Verificado en Crossref (título, revista y fecha del 24 de septiembre de 2026) y en el texto completo abierto.
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02
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PLOS Neglected Tropical DiseasesEstudio
Texto completo en acceso abierto del análisis espaciotemporal del ofidismo en el Perú, 2010-2025
Versión abierta del artículo (licencia CC BY 4.0), donde se pueden comprobar las tablas por departamento, los mapas de puntos calientes, la sección de limitaciones y la declaración de financiamiento y conflictos de interés.
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03
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Organización Mundial de la SaludDocumento oficial
Snakebite envenoming (ficha descriptiva)
Aporta la escala mundial (5,4 millones de mordeduras al año, entre 81.410 y 137.880 muertes) y la afirmación de que la mayoría de las muertes y secuelas se pueden evitar si el antiveneno está disponible y es accesible.
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04
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CDC Perú (MINSA)Datos
Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades
Institución que entregó, mediante la ley de transparencia, la base de casos notificados de ofidismo que el estudio analiza. En esta nota no se le atribuye ninguna cifra propia.
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